Por Luis  Rodríguez Tamayo

@luchovoltio

De acuerdo a una serie de estudios e investigaciones, más del 90% de la población en el mundo ya tiene un dispositivo para conectarse al internet y frente al consumo, el problema son los riesgos como daños auditivos o de vista, disfunciones sociales y hasta la percepción errónea de la realidad.

Ya muchos niños o jóvenes ni siquiera se acercan a sus padres a plantearles algunas inquietudes, pues para eso está el llamado “Doctor Google” que para ellos tiene todas las respuestas sin recriminación alguna. Tampoco piden la comida cuando están en casa levantando un poco la voz o llegando a la cocina, pues prefieren enviar un mensaje por WhatsApp.

Expertos señalan que el alto consumo de internet está asociado en muchas ocasiones a frustraciones, circunstancias de infelicidad, insatisfacción con la pareja, en el trabajo o en condiciones adversas.

Las principales señales de alerta son aquellas personas con impulsividad, oscilaciones en el humor, intolerancia a los dolores, insomnio, fatiga, disgustos, timidez excesiva, baja autoestima, rechazo a imagen corporal, depresión y fobia social.

El abuso a la tecnología conlleva sin duda al nerviosismo, ansiedad, los pensamientos obsesivos acerca de lo que estará sucediendo en la red o las fantasías o sueños acerca de Internet.

Jean Twenge y un grupo de sus colegas en Clinical Psychological Science publicaron una investigación en la que afirman que la adicción a los teléfonos inteligentes está generando graves daños a la salud mental.

El obsesivo del internet es persistente, pues a pesar de los problemas asociados a estar conectados tanto tiempo con sus dispositivos ocasiona molestias cervicales, obesidad, mareos, agitación psicomotora, dolores de espalda y cabeza.

La mejor opción para contrarrestar este problema que crece a diario es hacer una educación en el buen uso del internet a los niños. Restringir los horarios de navegación y sobretodo los temas que puedan afectar su desarrollo psicosocial.

Los padres estamos en la obligación de evitar que el internet se convierta en el mejor amigo de nuestros hijos y que ellos comprendan la importancia de esta herramienta que debe utilizarse con moderación.

Estamos también enfrentados al  tecnoestrés, el cual nos afecta cuando la batería marca un 10% y no tenemos a la mano un cargador. En igual forma sucede cuando la conexión de internet es lenta o intermitente, lo cual genera ansiedad y cambio de estados de ánimo. Más de tecnología en www.luchovoltio.com

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